La cara más obscena de James Joyce

El libro que a Javier Marías más le divirtió escribir es ‘Vidas escritas’, un conjunto de breves biografías de escritores contadas con una “mezcla de afecto y guasa”, unas semblanzas dibujadas con la mirada de un biógrafo “improvisado, ocasional y sesgado”.

Genios de la literatura como Rimbaud, Kipling, Wilde, Lowry o James aparecen en estas páginas retratados como individuos calamitosos. De Lampedusa queda una imagen de lector ocioso de provincias sin ninguna ambición productiva. Rilke desfila como un poeta “bajo, enclenque y feo” capaz de aguardar la llegada de las musas durante diez años. Pero lo que más asombro me causó de este libro fue lo que Marías cuenta de James Joyce.

Al parecer, Joyce –a quien se le podría definir con la triada del marqués de Bradomín: feo, católico y sentimental- era amén de putero (remedio común en la Irlanda de finales del s. XIX) un obsceno puntilloso, un coprófilo inquisitivo como sacaron a relucir las cartas que le escribía a su amada Nora Barnecle. Textos que transcribe Marías y yo reproduzco con cierto sentimiento pudoroso de quien tras espíar en la intimidad ajena cae en el cotilleo banal.

“Cuando aquella persona.. te metió la mano o las manos bajo las faldas, ¿te acarició sólo por fuera o te metió el dedo o los dedos? Si lo hizo ¿llegaron lo bastante arriba para tocarte esa pequeña polla al final de tu coño? ¿Te tocó por detrás? ¿Estuvo mucho rato acariciándote y te corriste? ¿Te pidió que le tocaras a él? ¿Lo hiciste? Si no le tocaste, ¿Se corrió él frente a ti y tú lo notaste?”.

“Esta noche… he estado tratando de imaginarte masturbándote el coño en el retrete ¿Cómo lo haces? ¿De pie contra la parede acariciándote bajo la ropa o te sientas en el hueco con las faldas levantadas y la mano a toda máquina por la abertura de tus bragas? ¿Te entran ganas de cagar? Me pregunto cómo lo harás ¿Te corres mientras cagas o te masturbas hasta el final y cagas luego?”.

Después contaros este chasquarrillo debo recomendar la lectura de ‘Dublineses’ para elevar más allá del vientre bajo el legado del escritor irlandés, aunque si os va la marcha tanto como a Joyce podéis probar con las ’11.000 vergas‘ de Apollinaire.