Steve Jobs, un llorón

Uno de los aspectos más llamativos de la personalidad de Steve Jobs (1955-2011) era su desproporcionada tendencia al llanto. En la biografía que le hizo Walter Isaacson se describen numerosos episodios en los que el empresario estadounidense rompía a llorar por las más diversas razones. A saber:

Para convencer a Stephen Wozniak a que fundara con él la empresa Apple, Jobs gritó, chilló, pidió la intervención de algunos amigos e incluso llegó a ir a casa de los padres de Wozniak, donde rompió a llorar y pidió la ayuda de sus padres. Más tarde también lloraría frente a Jerry Wozniak, padre de Stephen, cuando éste le reprochó que los ingenieros debían tener más sueldo. Además, poco después el libro describe: “uno de los primeros enfrentamientos, que tuvo lugar por el orden de la numeración de los empleados. Scott le asignó a Wozniak el número 1 y a Jobs el número 2. Como era de esperar, Jobs exigió ser el número 1. A Jobs le dio un berrinche, e incluso se echó a llorar”.

Jobs también lloraría frente a Mike Scott cuando el director ejecutivo de Apple intento mediar en el conflicto que había surgido entre el matemático Jeff Raskin y él. Los sollozos se repiten cuando Jobs leyó una crítica del periodista Mike Moritz en la revista Time “un artículo tan terrible que incluso me hizo llorar” (En el reportaje se decía que Jobs lloraba en algunas reuniones).

No obstante, el verdadero aluvión de lágrimas llega en el proceso que acabó con el despido de Jobs de Apple ejecutado por Jonh Sculley. El biógrafo Walter Isaacson apunta hasta cinco escenas de llantinas de Steve Jobs (páginas 538, 543, 544, 553 y 564). Por si esto fuera poco, la página 572 del libro indica: “incluso pasados varios años, los ojos de Jobs se llenaban de lágrimas al recordar la historia. «Prefirió a Sculley antes que a mí. Aquello me dejó completamente helado. Nunca pensé que fuera a abandonarme».

Jobs lloraba como estrategia de negociación –Bill Gates recuerda una reunión con Steve Jobs para negociar un acuerdo entre Microsoft y Apple en la que su interlocutor “se mostró tremendamente y después hubo una parte en la que casi se echó a llorar”- y al expresar alegría, como cuando anunció la fusión de Pixar y Apple – “Todos se abrazaron, y Jobs se echó a llorar”-.

Por otro lado, así cuenta Jobs su reacción cuando le presentaron la campaña publicitaria de ‘Piensa diferente’ a su regreso a Apple: “Me llegó a lo más hondo y todavía lloro cuando pienso en ello, tanto por el hecho de que Lee se preocupara hasta ese punto por nosotros como por lo genial que era su idea de ‘Piensa diferente’. Muy de vez en cuando, me encuentro en presencia de la auténtica pureza -pureza de espíritu y amor-, y siempre me hace llorar. Es algo que me conmueve y se apodera de mí. Aquel fue uno de esos momentos. Había en ello una pureza que nunca olvidaré. Lloré en mi despacho mientras me mostraba su idea, y todavía lloro cuando pienso en ello”. Pero su descargas de llanto también se producían en estallidos de cólera como cuando vio que al prototipo del iMac le habían puesto botones en lugar de una sencilla ranura: “Solo seguiré adelante con la presentación si me prometéis que vamos a pasar a la ranura tan pronto como sea posible, les advirtió Jobs con lágrimas en los ojos”.

Y, en fin, ya enfermo terminal de cáncer Steve Jobs lagrimearía al recordar a Redse, uno de sus amores de juventud, o al escuchar al violinista Yo-Yoma.

The Cure (Boys dont cry) Bosé (Los chicos no lloran) la madre de Boabdil (Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre), y en general toda la educación machista que hemos recibido nos enseña a los hombres a evitar el gimoteo en público. Pero como pese a todo evolucionamos, cada vez hay menos remilgos a que los varones expresemos los sentimientos con lágrimas. Hoy en día lloran sin recato alguno los futbolistas millonarios cuando pierden un partido, los políticos cuando cesan o los concursantes de reality shows.

El caso de Jobs va un peldaño más arriba y nos enseña la cara más emocional y humana de un creador excepcional dotado de una profunda sensibilidad. Os dejo un vídeo en el que Walter Isaacson explica este carácter.