La carta de amor de Valle Inclán al Maharajá de Kapurthala

 

En la muy recomendable biografía ‘Anita Delgado. Maharaní de Kapurthala’ escrita por Elisa Vázquez de Gey se describe una anécdota que merece la pena recordar porque sellaría el destino de una adolescente malagueña para convertirla en princesa de la India. Fue un juramento de escritores, un delito, una falsificación de una carta que acabaría “de entusiasmar al soberano que hace venir al jefe de su guardia personal con un talonario gordo como un diccionario para facilitar cuanto antes el traslado a París de la familia Delgado al completo, con tata incluida, para proceder a la boda”.

La historia es como sigue. Jagatjit Singh, Maharajá de Kapurthala, se encontraba en Madrid para la boda del rey Alfonso y se había quedado prendado de la hermana menor del dúo de bailarinas La Camelias, la hermosa Anita Delgado. Los más entusiasmados con el romance eran los de la tertulia de intelectuales del Kursaal. Para Valle Inclán los amoríos del Maharajá de Kapurthala con Anita Delgado debían ser tratados como una cuestión de Estado. “Hay que hacer algo! ¡Que Anita llegue a relacionarse con el Maharajá es cuestión de patriotismo, señores míos, solo patriotismo! ¿Somos o no somos patriotas?”. Baroja recuerda el tono de cachondeo de Valle: “Podría Anita proporcionar al Indostán un héroe futuro que sublevara la enorme península contra los ingleses, que la hiciera independiente y así, nosotros, buenos patriotas españoles, vengaríamos todas las charranadas que la pérfida Albión en el decurso de la historia con nuestra adorada España había cometido…”

A Anita aquel señor moreno que “debía ser cubano” y “parecía portugués” le inspiró miedo en principio –en su primer encuentro ella salió corriendo- y después reaccionó con timidez ante sus elogios y cumplidos. Un abismo de orígenes, educación y fortuna les separaba. Su primera carta de respuesta al soberano comenzaba así: “Mi querido rey me alegraré que al recibo desta esté usté bien, con la cabal salú que yo pami deseo…”

El pintor Leandro Oroz era el encargado de llevar esta carta a Correos pero antes de hacerlo pasó por la tertulia del Kursaal, donde la sagrada confidencialidad de la correspondencia fue violada. Valle Inclán dijo que semejante carta no se podía enviar, pidió recado para escribir y dictó un borrador que todos contribuyeron a corregir y traducir al francés. Él mismo firmó como Anita Delgado.

Fue aquella amorosa, falsificada y encendida misiva de Valle Inclán la que terminó de convencer al Maharajá. Anita se trasladó a París donde fue instruida y se le enseñó a hablar francés. Además de estar muy bien escrita, la obra de Elisa Vázquez de Gey está documentada. Es un trabajo de años que dibuja un retrato sorprendente de una mujer que inspiraría coplas y se convertiría casi en una leyenda. Incluye el librito ‘Impresiones de mis viajes a las Indias’ escrito por la propia Anita, entonces ya la princesa de Prem Kaur de Kapurthala. Este testimonio único de una época ya pasada, la de los últimos marajás, tiene el valor añadido de su curiosa sintaxis y gramática. Anita pasó de ser una casi una analfabeta funcional en lengua castellana, a utilizar a partir de los 16 años el francés en todas las actividades de su vida privada. Sus otros idiomas en razón de su cargo eran el inglés, el urdú y el indostaní. El español quedó relegado a su correspondencia privada y a este diario de viajes donde se describen grandes partidas de caza, fastuosos palacios, y las comodidades de un vida de lujo sostenida por el sistema de castas.