“Es peligroso enseñar a leer a un esclavo”

“Es peligroso enseñar a leer a un esclavo. Un negro no debería saber más que obedecer a su amo… hacer lo que le digan que haga. Hasta el mejor negro del mundo se estropeará con el estudio. No habrá modo de controlarle. Le incapacitará completamente para ser esclavo. Se volverá inmanejable y de ningún valor. En cuanto a él mismo, no le hará ningún bien. Le hará descontento y desgraciado”.

El esclavo Frederick Douglass (1818-1895) recordaría siempre la advertencia con la que su segundo amo, el señor Auld, reprendiera a su esposa cuando se percató de que esta estaba enseñando a aquel niño negro los rudimentos del abecedario. “Estas palabras penetraron profundamente en mi corazón, despertaron sentimientos interiores que yacían dormidos y convocaron la existencia de una vía de pensamiento completamente nueva. Comprendí cual era el camino de la esclavitud a la libertad”.

La vida de un esclavo norteamericano contada por él mismo’ es un impactante testimonio en primera persona sobre uno de los episodios más vergonzosos de la historia. Un libro de memorias que debería estudiarse en las escuelas, y no solo en las estadounidenses. Una autobiografía que constituye un verdadero ejemplo de superación y elevación espiritual.

Cuenta lo que es nacer siendo hijo de una esclava y un blanco. Desconocer quien fue tu padre, qué edad tienes, cuándo es tu cumpleaños. Ser separado para siempre de tu madre siendo un bebé. Asistir a las más brutales escenas de crueldad. Tener como única posesión una áspera camisa de estopa de lino. Dormir sobre el suelo húmedo y frío. “No teníamos una ración regulada. Nuestra comida consistía en harina de maíz hervida. Se echaba en una bandeja o comedero grande de madera y se ponía en el suelo. Entonces se llamaba a los niños, como si fueran cerdos, y como cerdos llegaban y devoraban las gachas; algunos con conchas de ostras, otros con trozos de ripia, algunos con las manos desnudas y ninguno con cuchara. El que comía más deprisa era el que más conseguía comer, el que era más fuerte se conseguía el mejor sitio; y pocos dejaban el comedero satisfechos”.

Frederick Douglass aprendió a leer y a escribir por su cuenta convirtiendo en maestros a los chiquillos blancos pobres, intercambiando pan a cambio de conocimientos, demostrando una inusual perspicacia e ingenio: “Cuando me encontraba con un chico que yo supiese que sabía escribir, le decía que yo sabía escribir tan bien como él. Las palabra siguientes eran: «No te creo demuéstramelo». Entonces yo hacía las pocas letras que había tenido la suerte de aprender, y le decía que lo superara si podía. Conseguí de este modo un buen número de clases de escritura. Mi libro de escritura era la valla de madera, la pared de ladrillo y la acera; mi tinta y mi pluma, un trozo de tiza”.

El joven Douglass huyó al Norte. Se convirtió en una de las figuras claves del movimiento abolicionista. ‘La vida de un esclavo norteamericano contada por él mismo’ se convirtió en un best seller de su época. Pronunció innumerables conferencias. Fundó periódicos y mantuvo una intensa actividad política. Apoyó la causa del voto femenino y la de la emancipación irlandesa. Hoy podemos creer que la esclavitud ya ha sido superada en el mundo del siglo XXI. Pero no es así, en países africanos aún pervive unida a la analfabetismo. 

Cierro esta entrada con una canción de Nina Simone y una reflexión de Frederick Douglass.

“Cuando más cantan los esclavos es cuando se sienten más desgraciados. Las canciones del esclavo reflejan los pesares de su corazón; y le alivian solo como alivian las lágrimas a un corazón afligido”.