El gol de chilena, un invento de vascos

El gol de chilena es el orgasmo del fútbol. Es a lo máximo que puede aspirar un jugador. La sensación única de golpear al balón de espaldas a la portería, en acrobático escorzo, y el placer indescriptible de voltearse en la caída para ver la pelota entrar en la portería reporta un sublime estallido de felicidad y orgullo. No hay en el fútbol recompensa más bella.

Sé que algunos dirán del pase largo y certero, del regate preciosista, de la rabona, los controles orientados, las panenkas e incluso de heroicos y providenciales despejes a pie de puerta. Sé que reivindicarán el gol por la escuadra, las galopadas por la banda y los chuts desde el medio campo. Pero a todos ellos les digo que no hay nada en el mundo como el fútbol y nada en el fútbol como un gol de chilena. Sé de lo que me hablo. Hasta ‘El Fenómeno’ Ronaldo confesó en su retirada que su espinita era no haber marcado un gol de chilena a lo largo de su carrera…

En el estadio de El Morro de Talcahuano en enero de 1914 está certificada la primera chilena de la historia (la imagen que ilustra esta entrada es de la estatua que a las puertas de este estadio conmemora el hito). La inventó un español, vasco por ende, se llamaba don Ramón Unzaga, nació muy cerca de Bilbao y emigró a Chile con 12 años. Ramón fue un atleta, que también practicaba jabalina, salto de pértiga, natación y waterpolo. Llegó a jugar en la selección chilena de fútbol. Repitió y popularizó esta fabulosa jugada que periodistas argentinos bautizaron como “chilena” y sus colegas uruguayos como “trizaga” porque el gol conseguido de esta manera debía valer por tres. El mejor retrato de Unzaga nos lo hace el mismo, al ser preguntado por una expulsión, explicó:

«En dos ocasiones el árbitro me cobró falta por un salto de lujo que daba a fin de rechazar la pelota (era medio zaguero) alegando que fouleaba al jugador contrario del Río. Este mismo jugador se aprovechó de mi jugada y el árbitro me cobró para colmo, a mi la falta. Me vi obligado a observarle al árbitro su error, alegándole que reconocidos jueces no me la habían penado. Siguió después un cambio de palabras que trajo por resultado la orden del Sr. Beitía (el árbitro) para que abandonara la cancha. Me negué a salir de la cancha para arreglar cuentas. Lo hice y al lado afuera de élla tuve con el señor Beitía un cambio de bofetadas». (Bendita Wikipedia)

Decía Unamuno que los vascos habían hecho dos cosas muy grandes: la compañía de Jesús y Chile. A estos logros, deberíamos añadir también la chilena.

P.D. Soy consciente de que esta entrada tiene que ver poco con Biografías & Memorias, excepto por un detalle: después de meter goles de chilena no hay nada mejor que recordarlos.