Memorándum. He venido aquí para hablar de mis libros

Hace dos veranos la policía entró en el grupo de comunicación en el que trabajaba al grito de ¡Quieto todo el mundo! y dos meses después doscientas personas perdimos el trabajo. A mí me vino bien porque así no tuve que tomar la decisión de abandonar el puesto que desempeñaba. Empecé a trascribir las memorias de la Amoña en agosto de 2015 que, si ustedes bien recuerdan, fue especialmente caluroso. Tecleaba las palabras del manuscrito y los goterones de sudor me caían por la frente. No exagero. Tuve que poner una toalla en la mesa para que los antebrazos no se me quedaran pegados. No sé si conocen el terral en Málaga. Enciendan el ventilador del horno y siéntese en frente para hacerse una idea. La biografía de mi abuela ‘Volviendo la vista atrás. María del Pilar Usatorre Zubillaga’ fue el primer libro que escribí. Aunque no fuera mío, sino el reflejo de una caligrafía. Mi primer libro realmente fue ‘Escudero Rubio. Los orígenes de nuestra familia’, que tomó forma cuatro meses antes de que falleciera Secundino, su protagonista. Me tocó el alma saber que en el día de su entierro se leyera un fragmento de la obra, a modo de despedida. Algo que jamás hubiera imaginado. Es el tipo de cosas que dan sentido a mi trabajo, que es lo mismo que decir el tipo de cosas que dan significado a mi vida.

Mi siguiente biografía fue ‘Marilia Rojas. Un paseo por mi corazón’, un libro que manufacturé deprisa y al que le faltan comas, pero no tono, y que, con sus deslices, pertenece ya a la intrahistoria de España. Después vino ‘Juana Martínez. Recetario biográfico de una cocinera genial’, con el que mejoré la técnica, descubrí los panecillos y afilé mi sentido gastronómico. Un libro bonito el de la Juana, que me salió algo triste –no era mi intención– pero que ha resultado una obra útil en todos los sentidos.

Natalia no quería una biografía es la primera frase de ‘La extrañeza del tiempo’, el libro que vino después, que aún no ha visto la luz, pero que será sin duda hermoso en su edición. Aunque eso no es del todo cierto, porque en el entretiempo de Natalia –un foco de luz, una sonrisa en la mañana, la inspiración hecha persona– escribí ‘Retrato de un cirujano’, al que le falta una incisión para salir algún día a imprenta y, ‘Luis Callejón. Don Turismo’, proyecto iniciático con el que cometí todos los errores, libro veloz que utilizo de tarjeta de presentación, que guarda secretos y se parece a lo que yo soy, un periodista de provincias reconvertido en hagiógrafo.

En estos dos años escribí una tesina sin haberme doctorado –nos pusieron notable– comunicados para mis agricultores y ganaderos –un hombre debe saber de campo– e incluso jugué al periodismo bloguero –no solo de chipirones en su tinta vive el hombre–. Escribí once cuentos infantiles, Los cuentos de Juanito, que brotaron como semillas de hierbabuena al abono de un pozo ciego, y está ilustrando mi madre, haciendo de cada página un cuadro, “cada verso el título de una canción”. Y escribí también, poemas, apuntes y caligramas, sin esperar más a cambio que la llama de la que se contagian al contacto con el fuego. Porque si algo tiene que hacer un redactor –y eso no me lo negarán– es quemar en la estufa de hierro, junto al leño del almendro y la encina, sus vergüenzas inconfesables. De otra manera acabarían publicándose en Internet.

El último libro que he escrito se llama ‘Alfredo García-Valdés. El mad men asturiano’. Ahora lo estamos repeinando. Creo que es el que mejor me ha salido, claro que eso se lo digo yo a todas.

Yo he venido aquí para hablar de mis libros, me permito titular parafraseando a Umbral, para apelar a la memoria colectiva y para recordar que a mí también me aburren las peroratas ajenas. Dicho lo cual, me queda por escribir las biografías de un torero, un futbolista, un cocinero, mujeres científicas, flamencos y pastores trashumantes. También las biografías de Remedios, Pepe, Raquel, Manolo, y por supuesto, las Confesiones y Prédicas del Sabio de Pinos Puente. Además de los Veinte Sonetos, la colección de Breverías, el Nuevo Cancionero Sentimental, el Breve Tratado Escatológico, los Ligeros Libertinajes Mediáticos y la Biblia de Bolsillo del Fútbol. Proyectos con los que me permito soñar por la misma razón por la que me permito leer, por vivir la vida de los otros y hacer algo que nos sobreviva.