Memorándum. He venido aquí para hablar de mis libros

Hace dos veranos la policía entró en el grupo de comunicación en el que trabajaba al grito de ¡Quieto todo el mundo! y dos meses después doscientas personas perdimos el trabajo. A mí me vino bien porque así no tuve que tomar la decisión de abandonar el puesto que desempeñaba. Empecé a trascribir las memorias de la Amoña en agosto de 2015 que, si ustedes bien recuerdan, fue especialmente caluroso. Tecleaba las palabras del manuscrito y los goterones de sudor me caían por la frente. No exagero. Tuve que poner una toalla en la mesa para que los antebrazos no se me quedaran pegados. No sé si conocen el terral en Málaga. Enciendan el ventilador del horno y siéntese en frente para hacerse una idea. La biografía de mi abuela ‘Volviendo la vista atrás. María del Pilar Usatorre Zubillaga’ fue el primer libro que escribí. Aunque no fuera mío, sino el reflejo de una caligrafía. Mi primer libro realmente fue ‘Escudero Rubio. Los orígenes de nuestra familia’, que tomó forma cuatro meses antes de que falleciera Secundino, su protagonista. Me tocó el alma saber que en el día de su entierro se leyera un fragmento de la obra, a modo de despedida. Algo que jamás hubiera imaginado. Es el tipo de cosas que dan sentido a mi trabajo, que es lo mismo que decir el tipo de cosas que dan significado a mi vida.

Mi siguiente biografía fue ‘Marilia Rojas. Un paseo por mi corazón’, un libro que manufacturé deprisa y al que le faltan comas, pero no tono, y que, con sus deslices, pertenece ya a la intrahistoria de España. Después vino ‘Juana Martínez. Recetario biográfico de una cocinera genial’, con el que mejoré la técnica, descubrí los panecillos y afilé mi sentido gastronómico. Un libro bonito el de la Juana, que me salió algo triste –no era mi intención– pero que ha resultado una obra útil en todos los sentidos.

Natalia no quería una biografía es la primera frase de ‘La extrañeza del tiempo’, el libro que vino después, que aún no ha visto la luz, pero que será sin duda hermoso en su edición. Aunque eso no es del todo cierto, porque en el entretiempo de Natalia –un foco de luz, una sonrisa en la mañana, la inspiración hecha persona– escribí ‘Retrato de un cirujano’, al que le falta una incisión para salir algún día a imprenta y, ‘Luis Callejón. Don Turismo’, proyecto iniciático con el que cometí todos los errores, libro veloz que utilizo de tarjeta de presentación, que guarda secretos y se parece a lo que yo soy, un periodista de provincias reconvertido en hagiógrafo.

En estos dos años escribí una tesina sin haberme doctorado –nos pusieron notable– comunicados para mis agricultores y ganaderos –un hombre debe saber de campo– e incluso jugué al periodismo bloguero –no solo de chipirones en su tinta vive el hombre–. Escribí once cuentos infantiles, Los cuentos de Juanito, que brotaron como semillas de hierbabuena al abono de un pozo ciego, y está ilustrando mi madre, haciendo de cada página un cuadro, “cada verso el título de una canción”. Y escribí también, poemas, apuntes y caligramas, sin esperar más a cambio que la llama de la que se contagian al contacto con el fuego. Porque si algo tiene que hacer un redactor –y eso no me lo negarán– es quemar en la estufa de hierro, junto al leño del almendro y la encina, sus vergüenzas inconfesables. De otra manera acabarían publicándose en Internet.

El último libro que he escrito se llama ‘Alfredo García-Valdés. El mad men asturiano’. Ahora lo estamos repeinando. Creo que es el que mejor me ha salido, claro que eso se lo digo yo a todas.

Yo he venido aquí para hablar de mis libros, me permito titular parafraseando a Umbral, para apelar a la memoria colectiva y para recordar que a mí también me aburren las peroratas ajenas. Dicho lo cual, me queda por escribir las biografías de un torero, un futbolista, un cocinero, mujeres científicas, flamencos y pastores trashumantes. También las biografías de Remedios, Pepe, Raquel, Manolo, y por supuesto, las Confesiones y Prédicas del Sabio de Pinos Puente. Además de los Veinte Sonetos, la colección de Breverías, el Nuevo Cancionero Sentimental, el Breve Tratado Escatológico, los Ligeros Libertinajes Mediáticos y la Biblia de Bolsillo del Fútbol. Proyectos con los que me permito soñar por la misma razón por la que me permito leer, por vivir la vida de los otros y hacer algo que nos sobreviva.

Pelotazo a Agassi

Extracto de ‘Open’ biografía de Andre Agassi:

“Un amigo me pregunta si, cuando la rivalidad con un contrincante es personal, no siento nunca el más mínimo impulso de soltar la raqueta y abalanzarme sobre su cuello. Cuando se trata de un partido de desagravio, cuando hay resentimiento ¿no preferiría resolverlo con unos cuantos asaltos de boxeo de toda la vida? Yo le respondo a mi amigo que el tenis ES boxeo. Todo tenista, tarde o temprano, se compara con un boxeador, porque el tenis es un pugilismo sin contacto. Es violento, es mano a mano, y el resultado es tan simple como el de cualquier cuadrilátero: o matas o te matan. O das una paliza o te la dan a ti. La diferencia es que, en el tenis, los golpes se marcan por debajo de la piel. Me recuerda a ese viejo método que usaban los usureros en Las Vegas, que consistía en golpear a la gente con bolsas de naranjas para que no salieran moratones”.

“El tenis es ese deporte en el que hablas contigo mismo. Otros deportistas no hablan consigo mismos como lo hacen los tenistas. Los bateadores, los golfistas, los porteros de fútbol se murmuran cosas ellos mismos, claro está, pero los tenistas llegan a conversar y a responderse”.

La biografía de Agassi está escrita por J. R. Moehringer, que tiene un libro cojonudo sobre bares, lugares tan gratos para conversar, ‘The tender bar’, en el que recogió las historias de sus parroquianos de barra: “Le dije a todo el mundo: hablad ahora o callad para siempre. Y si me contáis alguna historia que no tenga precio después de que salga el libro no os perdonaré jamás. Y todos los que habían participado recordaron cuando ya se había entregado el libro un montón de historias que me tenían que haber contado”.

En ‘Open’, que me recomendó Nacho Cernicharo y que también es un libro cojonudo, Agassi pone a su archirrival Pete Sampras como un egoísta, y cuenta que un día solo le soltó un dólar de propina a un aparcacoches. Al hilo de todo esto os dejo este video:

 

El sentido de la amistad

Yo, como Roberto Carlos, quiero tener un millón de amigos. Pero lo cierto es que solo tengo unos pocos. Y algunos de ellos incluso están conmigo.

Al abrir el buzón hace un par de semanas recibí un regalo de Rafa entre la publicidad y las facturas. Era un paquete con un libro. En busca de Muhammad Ali. Historia de una amistad, de Davis Miller, con una dedicatoria: “Creo que este te corresponde”. Miller ha escrito algo prodigioso sobre la admiración sincera y el agradecimiento, sobre el sentido de la amistad. Creo que toda la obra tiene un único destinatario, el propio Ali, del que el autor hace el retrato más íntimo, sincero y leal jamás realizado. Es como una carta en la que Miller quisiera devolver a Alí parte de todo lo que le ha dado. Son unas memorias alucinantes que nos descubren aspectos desconocidos de the greatest, cómo afrontó su enfermedad y el inexorable declive de sus facultades. El libro ha tenido un enorme éxito, pero estoy seguro de que su autor se hubiera conformado con que a su amigo, a su ídolo, le hubiera gustado. Como soy una de esas millones de personas a los que Ali sigue inspirando, esta biografía me ha proporcionado un inmenso placer. Me he reafirmado en mis principios sobre qué hacer con los días que me quedan.

Días después pasa por casa Antonio desplegando todo el arte de las visitas breves e inesperadas. Su avión va a salir en unas pocas horas y debe recortarse la barba. Le presto la rapadora y le doy Luis Callejón. Don Turismo, la biografía que acabo de publicar, con una dedicatoria “Para mi compadre, hermano y compañero”. Horas después me llegan varios mensajes desde la península arábica: “Deberías escribir una novela con pretensión solo de gustar a mucha gente. Nos forrábamos. Me lo terminé en el avión. Me ha encantado. Eres mi escritor favorito con diferencia”. Por su parte, Rafa, me envía un mail tras leerse el libro: “Lo disfruté mucho. Muy bien contado. Se lleva estupendamente. Me gusta el enfoque, no es una descripción, si no que es pura acción. Los secundarios, la familia, los famosos, acompañan. Van y vienen. Encajan. Enhorabuena”. Me cuenta también que me ha puesto en la biblioteca junto a Cesa Aira.

Mentiría si dijera que he escrito Don Turismo para Antonio y Rafa, pero en verdad os digo que estas palabras suyas bastan para sanarme. Me doy por satisfecho y compruebo que he hecho las cosas correctamente si a ellos les ha gustado, con independencia que la biografía de Luis Callejón sea más o menos exitosa, llegue a más o menos lectores. Son cosas como estas las que dan sentido a la amistad, que es como dar sentido a la vida.

P.S. Don Turismo ya está a la venta en las librerías de Málaga (Rayuela, Luces y Proteo-Prometeo), dentro de poco haremos la presentación oficial, y también será accesible en formato digital.

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También el sol entra en los retretes, pero no se mancha

Dijo que la pasión por el dinero era la metrópoli de todos los males.

Una vez que se masturbaba en medio del ágora comentó “Ojala fuera posible frotarse también el vientre para no tener hambre”.

Cuando a Platón le preguntaron: “Qué te parece Diógenes?”, respondió: “Un Sócrates enloquecido”.

Dijo que la educación era sensatez para los jóvenes, consuelo para los viejos, riqueza para los pobres, adorno para los ricos.

Decía que hay un doble entrenamiento: el espiritual y el corporal. Pero que era incompleto el uno sin el otro, porque la buena disposición y el vigor eran ambos muy convenientes.

Todo esto está sacado de ‘La secta del perro. Vidas de filósofos cínicos’, un libro de Carlos García Cual editado por Alianza Editorial en la colección de clásicos de Grecia y Roma. Haceos con él. Es una joya de 146 páginas con biografías como la de ‘el perro’ Diógenes. Viva Diógenes Laercio, el filósofo que no nos enseñaron en el colegio. Os copio y pego otro párrafo que nos habla sobre uno de sus discípulos, Metrocles:

“Metrocles de Maromea, hermano de Hiparquia, fue primero alumno de Teofrasto, el peripatético, y se hizo tan refinado que, como una vez en medio de un ejercicio de lectura en la escuela se le escapó un pedo, se había encerrado en su casa abatido por la desesperación, con la intención de dejarse morir de desánimo. Al enterarse Crates, llamado para socorrerlo, acudió a su casa, después de hartarse a propósito de lentejas, y trataba de persuadirle con sus razonamiento que no había hecho nada feo; pues habría sido un milagro impedir la salida de los gases de acuerdo con el proceso natural. Al fin, echándose unos pedos, le convenció aportando el consuelo con la similitud de las acciones. Desde entonces se hizo un hombre cabal en filosofía”

Howard Cossell, el periodista que acabó con Cassius Clay

Howard Cossell fue el primer periodista en reconocer a Cassius Clay como Mohamed Ali. Fue de los pocos que se posicionó públicamente contra el castigó que el campeón olímpico recibió por negarse a ir a la guerra de Vietnam: “Lo que el gobierno ha hecho a este hombre es inhumano e ilegal”. Cossell también apoyó el saludo con el puño negro en alto de John Carlos y Tommie Smith durante la entrega de medallas de 1968.

Era un abogado judío de Brooklyn que después de la II Guerra Mundial se convirtió en uno de los periodistas deportivos más influyentes de Estados Unidos. Sus enormes orejas y su descomunal nariz le hacían inconfundible. Con su voz nasal y su cuidada locución creo un estilo propio y una nueva forma de tratar a las estrellas del deporte, de forma más humana, inteligente y personal.

La relación de Cossell con Alí es uno de esos ejemplos que nos hacen ver como dos hombres pueden provenir de diferentes razas, religiones y ambientes sociales y a pesar de estar en desacuerdo, burlarse el uno del otro y entenderse. Su amistad fue legendaria y ejemplar. La carrera de uno no se puede entender sin la del otro, y viceversa.

Protagonizaron grandes momentos ante las cámaras. Había una química especial entre ambos. Tras uno de los discursos bravucones de Ali a pie de ring, Cossell le dijo: “Estás siendo demasiado truculento”, y Alí respondió “Sea lo que sea truculento, si es bueno, lo soy”. Otra vez Cossell le dijo “No eres un chico estúpido”, y Alí le respondió “Gracias Howard. Tú tampoco eres tan tonto como pareces”. En otra ocasión en que en plena entrevista Alí trató de arrancarle el peluquín a Cossell, éste le esquivó y advirtió “No me toques o te arranco la cabeza (I’ll beat your brains out)

Trataban temas serios, bromeaban, se lanzaban golpes y manotazos. Y si bien es cierto que el poeta, el profeta, el redentor del boxeo no necesitaba más que un micrófono para ofrecer un espectáculo a la audiencia, algunas de sus mejores intervenciones se las arrancó Cossell.

Demos gracias a Youtube por poder tenerlas a mano.

 

Diez citas y un descargo de Albert Einstein

“La comodidad y la felicidad nunca me han parecido una meta. Estas bases éticas semejan los ideales del rebaño de cerdos… Las metas comunes del esfuerzo humano, obtener posesiones, éxito exterior y lujo, siempre se me han presentado como despreciables, desde que era muy joven”.

“Nada hay de lo que yo no pueda prescindir en cualquier instante”.

“Considero inaceptables las diferencias sociales, que en realidad están basadas en la violencia. Creo asimismo que sería adecuado para todos tanto para el cuerpo como para el espíritu, una vida exterior sencilla y sin mayores pretensiones”.

“Sólo una vida vivida para los demás vale la pena”.

“La industria de armamentos es, en efecto, una de las más grandes amenazas para la humanidad (…) Si la tercera guerra se lleva a cabo con el empleo de armas atómicas, la cuarta se realizará con garrotes y garras”.

“Que un hombre pueda disfrutar mientras desfila a los compases de una banda es suficiente para que me resulte despreciable. Le habrán dado su cerebro sólo por error; le hubiera bastado con la médula espinal desprotegida”.

“Estoy de veras convencido de que no hay riqueza en el mundo capaz de ayudar a la humanidad a progresar, ni aún en manos del más devoto partidario de tal causa. El ejemplo de las individualidades grandes y puras sólo puede elevarnos a pensamientos y acciones nobles. El dinero apela al egoísmo e invita siempre al abuso. ¿Es posible imaginarse a Moisés, a Jesús o a Gandhi con la bolsa de Carnegie?”

“Nunca gasto mi inteligencia en algo que puedo encontrar en un libro”.

“Pocos son capaces de formarse una opinión independiente de los prejuicios del ambiente y de expresarla con serenidad. La mayoría suele ser incapaz de llegar hasta los prejuicios”.

“Carta al presidente Roosevelt (1939): “En el futuro muy cercano el uranio podrá transformarse en una nueva e importante fuente de energía (…) este nuevo fenómeno llevaría asimismo a la construcción de bombas muy potentes (…) la fuente más importante de uranio está ubicada en el Congo belga”.

Estos fragmentos están extraídos del libro ‘Mi credo humanista’, donde también se incluye la carta con la que el científico rechazó la invitación a presidir el Estado de Israel: “Toda mi vida me he enfrentado con el mundo de los objetos y carezco de la capacidad natural y de la experiencia necesaria para oponerme a los seres humanos ni desempeñar funciones oficiales”.

Emil Ludwig, un biógrafo entre dictadores

Si hablamos de biografías Emil Ludwig es el puto crack. El tope de gama. El number one. La referencia indiscutible. Goethe, Bismarck, Napoleón, Mussolini, Lincoln, Beethoven… los grandes nombres de la historia han pasado por sus manos y su agudo análisis. Es el escritor que encumbró la biografía como un género literario propio, dotado de la profundidad psicológica de la novela y de los rigores del periodismo documental. Ludwig es serio, audaz y escribe como los ángeles. Estoy leyendo a Ludwig –es interminable- y me descubro ante sus obras. Juego a biografiar al biógrafo, a imaginármelo en su obsesión por los protagonistas de la gloria. Entonces doy con una entrevista de Emil Ludwig a Josef Stalin. Y caigo en otra de las virtudes de Ludwig, el valor, la virtud que no se falsifica, la que escapa de toda hipocresía.

Piensen por un momento lo que es entrevistar a Stalin y si conviene echarle huevos o plantear un encuentro amable. Ante tal tesitura, Ludwig razona: “Dado que todo extranjero que llega al Kremlin es automáticamente visto como un enemigo, decidí transmitir precisamente esa actitud en mis preguntas”.  Y provoca y sostiene el duelo dialéctico: “Ha llevado usted la vida de un conspirador durante mucho tiempo ¿Piensa ahora que, bajo su gobierno, la agitación ilegal ya no es posible?” “¿Es el miedo a esta posibilidad la razón por la que sigue usted gobernando con tanta severidad, quince años después de la revolución?”. Plantea replicas como esta: “Así que niega usted ser un dictador. Según mi experiencia, esa táctica es empleada por todos los dictadores. En Europa su imagen es la del zar sanguinario o la del aristócrata saqueador de Georgia”. O comentarios como este: “Esa política de crueldad parece haber despertado un terror muy extendido. Tengo la impresión de que en este país todo el mundo tiene miedo y que su gran experimento sólo podría triunfar en esta sufrida nación que durante tanto tiempo ha sido entrenada para obedecer”.

Antes nos ha descrito al político con dos pinceladas: “Su mirada era hosca y su expresión velada, pero no eran las de un misántropo. Era más bien la expresión de un hombre que ha llegado a recelar de sus congéneres a través de una larga experiencia y que ha llevado una vida muy solitaria” “Stalin estuvo con la mirada apartada de mí casi todo el tiempo, y durante las dos horas que duró la entrevista estuvo trazando garabatos sobre una hoja de papel. Con un lápiz rojo dibujaba círculos, arabescos y números. En ningún momento le dio la vuelta al lápiz, que era azul en su otro extremo. En el transcurso de nuestra conversación rellenó muchas hojas de papel de dibujos en rojo y de cuando en cuando las doblaba y las rompía en pedazos”.

La biografía es un género que se presta naturalmente a fijarse en los ‘grandes personajes’, lo cual incluye a genocidas, tiranos y dictadores de toda clase, que son quienes escriben los renglones de la historia. Personas dotadas de una voluntad, memoria, inteligencia y dotes de mando fuera de lo común que les hace situarse por encima del grupo, hombres que tienen como principal leit motiv el ansia de poder, dominación y fama. Emil Ludwig tiene una fijación por estas figuras. Destapa su misantropía, pero no los ridiculiza. En ocasiones da la sensación de que se siente entre sus iguales, como en otra entrevista que le hizo a Mussolini, donde además no puede ocultar la fascinación y simpatía que le despertaba el dictador italiano, que lejos de su histriónica imagen pública aparece aquí como un hombre culto y profundamente perspicaz. Ludwig (1906-1948) era alemán de origen judío, exiliado durante el III Reich sus libros fueron prohibidos y quemados por los nazis. Además de biógrafo ejerció como abogado, poeta, dramaturgo y periodista. Si os gustan las biografías, no dudéis en leer cualquiera de sus obras.

Twain a Kipling: “La verdad es que mis libros son simplemente autobiografías”

“Sois una panda de impresentables, los de allá. Unos sois miembros de la junta municipal y otros vicegobernadores; algunos tenéis la Cruz Victoria y otros el privilegio de caminar por el Mali del brazo del virrey. Pero yo he visto a Mark Twain esta dorada mañana, le he estrechado la mano y me he fumado un cigarro —no, dos cigarros— con él. ¡Hemos conversado durante más de dos horas! Comprended bien que no os desprecio; es la pura verdad. Sólo me dais mucha lástima, desde el virrey para abajo. Para paliar vuestra envidia y demostraros que aún os considero mis iguales, os lo contaré todo”. En 1889 Rudyard Kipling viajó por Estados Unidos y buscó al creador de Tom Sawyer y Huckleberry Finn en la ciudad de Elmira. La entrevista se publicó en el libro ‘From Sea to Sea’ y contiene, entre otras cosas, una interesante reflexión de Twain sobre la escritura, la memoria y las biografías:

“Regresó al enorme sillón y hablando de la verdad y cosas semejantes en la literatura comentó que una autobiografía era el único trabajo en el que un hombre, en contra de su voluntad y a pesar de intentar denodadamente hacer exactamente lo contrario, se revelaba ante el mundo como realmente era.

—Buena parte de la vida en el Misisipi es autobiográfica, ¿no es así? —pregunté.

—Tanto como es posible que lo sea cuando un hombre escribe un libro acerca de sí mismo. Pero en una autobiografía genuina creo que es imposible que un hombre cuente la verdad sobre sí mismo, como imposible es que consiga impedir que el lector perciba esa verdad.

—¿Tiene usted la intención de escribir su autobiografía?

—Si lo hago, como todos los demás, intentaré, con el más apasionado interés, demostrar lo bueno que era en todo aquello que haya redundado en mi descrédito; y, como los demás, no conseguiré convencer al lector para que se crea nada que no sea la verdad”.

La autobiografía de Mark Twain se publicó cien años después de la muerte del autor, tal y como él mismo había estipulado. Samuel L. Clemens sostuvo en otras ocasiones que “la verdad es que mis libros son simplemente autobiografías”.

 

 

‘Servicio completo’, la autobiografía de ‘Mr. Sexo’

De entre los grandes fornicadores de la historia figura en un lugar destacado Scotty Bowers. Este marine veterano de las batallas de Guadalcana e Iwo Jima. sigue vivo. Tienen 92 años y al parecer aún se le puede ver ocasionalmente como barman de fiestas privadas. Scottie es un portento de la naturaleza. Y su autobiografía ‘Servicio completo’ es alucinante. Un libro en el que las cejas se elevan según pasas las páginas preguntándote a quién no se ha follado este tío. La lista de amantes y de personas a las que proporcionó placer a través de terceros es interminable y muy notable: los duques de Windsor Eduardo VIII y la mujer por la que abdicó al trono, Wallis Simpson; el creador y director del FBI J. Edgar Hoover; los actores Spencer Tracy, Errol Flyn, Cary Grant, Montgomery Clift, David Carradine, Glen Ford, Rock Hudson, Noël Coward Laurence Olivier; las actrices Katharine Hepburn, Mae West, Rita Hayworth, Vivien Leigh; la cantante Edith Piaf; directores como George Cukor… peces gordos como Howard Hughes, Albert Rothschild o Malcolm Forbes, el editor de la revista Forbes… Hablamos de alguien que al famoso doctor Alfred Kinsey le organizaba encuentros sexuales de todo tipo para su famoso estudio ‘El comportamiento sexual de la mujer’ (1953).

A los 89 años Bower escribió sus memorias en las que sacó del armario ese Hollywood gay y lésbico de matrimonios apañados para la prensa, una historia oculta de las orgías, bacanales, desenfrenos y encuentros casuales que bullían en la industria del cine, cuyo epicentro era él como supremo alcahuete y amante siempre disponible. “Scotty no miente. Y conoció a todo el mundo”, advierte Gore Vidal.

Fue un niño de la gran depresión. Se crío en una granja de Illinois ordeñando vacas dos veces al día, siete días a la semana, trescientos sesenta y cinco días al año. Pronto entendió que la naturaleza nos programa como criaturas sexuales y que su misión en este mundo era experimentar y obtener placer. “Los niños de una granja saben perfectamente para qué sirven las erecciones. Estás rodeado de sexo todo el tiempo. Sabía que cuando a un cerdo se le empinaba y montaba a una cerda, nacían cochinillos alrededor de cuatro meses más tarde. Desde muy tierna edad vi a sementales galopando juguetonamente alrededor de cercados y corrales, con un pene erecto de más de noventa centímetros de largo. A veces los granjeros pagaban a un criador para que les llevara un semental joven con el cual aparear a una o más yeguas para que tuvieran un potro. El coito estaba en todas partes. Oh, qué diablos, llamémoslo como lo llama todo el mundo: la jodienda. Se follaba en todas partes. Nuestros perros y gatos siempre estaban follando. Los gallos montaban a las gallinas, los conejos se apareaban en los campos, las cabras se acoplaban en el corral. Toros, pájaros y abejas hacían lo mismo, y por lo tanto el sexo no era nada nuevo para mí. En realidad, antes de que empezaran a pelearse, alguna que otra vez los niños también oíamos a papá y mamá acoplándose. Echábamos un vistazo si en la puerta de su dormitorio había una pequeña rendija. ¿Y por qué no? Por lo que a mí respectaba, sólo estaban haciendo lo que les pedía la naturaleza. Pero por algún motivo la sociedad parecía regirse por valores más anticuados”.

En 1946 se estableció en Hollywood Boulevard como mozo de una gasolinera que consiguió convertir en un animado punto de encuentro caliente . Scotty debía ser alguien verdaderamente simpático y tener una personalidad atrayente y persuasiva. Con los chicos y chicas que se reunión en la gasolinera confeccionó “una larga lista de hombres y mujeres atractivos y estupendos, que estaban disponibles para líos con gente por diversión y por dinero. Toda propina o pago o transacción económica que pudo haber entre ellos no fue de mi incumbencia. Nunca cobré ni acepté un centavo por las citas que montaba para otros. Sólo quería que la gente se lo pasara bien”. Se convirtió en el gran celestino de la ciudad de los sueños y dotado como estaba de una libido y apetito sexual muy saludable participaba en muchos de estos encuentros. Lo hizo durante décadas. “Algunos incluso empezaban a llamarme ‘Mr. Sexo’.   Sea lo que sea lo que necesites, decían, llama a Mister Sexo, Scotty Bowers. Tiene todo lo que quieras”.

‘Servicio completo’ no es un libro erótico de los que tienen que ser leídos a una mano. Más bien estamos ante una biografía necesaria (célebre guionista Tennesse Williams escribió en su día un relato sobre la vida de Scotty Bowers, que él pidió que no publicara). Son unas memorias nada sensacionalistas escritas con una grandes dosis de cariño desde la mirada de un anciano que sabe que no hacen mal a nadie desvelando su apasionada y concupiscente vida. Me ha gustado especialmente el tono del libro, así como algunas de sus reflexiones sobre el sexo. “En cierta medida todo el mundo piensa mucho en el sexo. Es patente y manifiesto que forma una parte integrante y esencial de la naturaleza humana. El sexo define en gran medida quiénes somos y qué hacemos. Ejerce una fuerza inconmensurable sobre nuestros pensamientos y nuestros actos. Siempre me he preguntado por qué la actitud general ante el sexo era tan ridículamente tensa y conservadora. Sé que los victorianos tenían mucha culpa, pero los antiguos hindúes, los griegos y los romanos erradicaron los tabúes sexuales hace miles de años. ¿Por qué no aprendíamos la lección? La rígida actitud contemporánea en torno al sexo no tenía ningún sentido para mí. Lo único que hacía era asfixiar los instintos humanos naturales y causar de este modo un indecible sufrimiento y una culpa innecesaria (…) Yo sólo quería ver feliz a la gente. Simplemente actuaba de acuerdo con el antiguo rito de la oferta y la demanda. La única diferencia que había entre yo y, pongamos, un granjero, un carpintero o un tendero era que me había especializado en sexo. Era lo que ofrecía, lisa y llanamente. ¿Y qué mejor manera de calmar el espíritu, curar el cuerpo y elevar el ánimo que el sexo?”

Os dejo con un vídeo reciente de Scottie Boers

Por do salta la cabra salta la que la mama

Hace ahora cuatro años el rey Juan Carlos tuvo que ser operado de urgencia tras romperse la cadera en un safari en Botsuna. El accidente provocó un escándalo. En plena crisis económica y con la población padeciendo los recortes el monarca estaba de fiesta en África con su amiga Corinna su Sayn-Wittgenstein matando elefantes. Tuvo que pedir perdón en muletas en el hospital. “Lo siento mucho, no volverá a ocurrir”. La imagen de la monarquía española se hundía. Abdicó dos años después. La fotografía del rey posando con un elefante muerto provocó indignación. No era la primera vez que se veía envuelto en episodios similares. En Rusia le acusaron de matar a un oso borracho.

Pero es que la caza es deporte de reyes. Si Juan Carlos mató animales su madre no se quedó corta. Ella misma lo cuenta en la biografía “Yo, María de Borbón” que le escribió Javier González de Vega

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Angola 1953. Su Alteza Real Doña María de Borbón y Orleans divisa un rinoceronte: “Me dio tiempo a encañonar bien, tiré y le di en el codillo y cayó ¡Qué emoción ver a aquel bicho enorme que se acercaba! Luego, ya en el suelo, le tiré detrás del cuello. Desgraciadamente el cuerno no era muy grande, pero me tuve que conformar. Aunque teníamos permiso para matar de todo: elefante, rinoceronte, león, jabalí –que allí llamaban facocero- hipopótamo y gacelas (…) en aquella primera cacería también maté waterbucks, unas gacelas enormes. Cada día, además, tirábamos a las gallinas de guinea, que había muchas y eran buenísimas para el puchero”.

Kenia 1955: “En aquel safari matamos los elefantes Juan y yo (…) Fue emocionante (…) Cuando estaba preparándome no sé si olió algo u oyó algo; el caso es que se volvió hacia donde estábamos. Entonces el cazador blanco que venía con nosotros me dijo «tira ahora» Tiré dos tiros casi seguidos y le di en el codillo. El animal se arrodilló pero hacía esfuerzos por levantarse; yo tenía temblores en las piernas de ver aquella mole enorme intentando ponerse en pie tan cerca. Cargué de nuevo y, cuando estaba ya medio incorporado, tiré otra vez, y el cazador blanco conmigo ¡Pero el elefante era mío porque yo había hecho la primera sangre!”

En uno de esos colmillos María de Borbón se hizo tallar una imagen de la virgen de las Batallas,  la que lleva siempre san Fernando en la silla del caballo.

Cada año mueren cerca de 12 mil elefantes en Angola a causa del tráfico ilegal de marfil, según datos del Fondo Mundial por la Naturaleza (WWF) que, como consecuencia de esa actividad, estima que sólo quedarían vivos unos 250 elefantes en ese país.

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